Mi lista de blogs

Mostrando entradas con la etiqueta pluma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pluma. Mostrar todas las entradas

lunes, enero 17

Volver a tomar la pluma

No sabía ahora de que podría escibir, estaba tan cansada de escribir tragedias y dramas en su vida, que no quería obligar a su pluma a mojar más tinta negra. Los malos presagios y suerte parecía que le acompañaban demasiado. Había pasado ya más de un año y su vida no terminaba de encontrar el rumbo, las cantidades de direcciones posibles que se le mostraban y se abrían ante sus ojos eran demasiadas para elegir certeramente, su brújula se volvía loca y no sabía ya cual era el norte o el sur, el este o el oeste, demasiados puntos cardinales indicaba a la vez, por lo que sus coordenadas estaban harto despistadas y aún sin trazar.
Su interior estaba confuso y a la deriva, sin barca, ni flotador, ni remos, ni salvavidas...que la salvaran del naufragio, desterrada y desahuciada, quizás llegara a una isla nueva aún por descubrir, y allí como Robinson Crusoe, desarrollaría e inventaría nuevos recursos para sobrevivir. Su supervivencia estaba en juego, y sólo de ella dependería, lo cual por otro lado la tranquilizaba a empuñar su pluma sin temblar una escritura no torcida, y aunque negra, al menos escribiría sin borrones.

lunes, octubre 18

La pluma que soñó escribir un final feliz

Siempre le inducía su pluma a escribir finales felices, esa era su primera concepción visual, pero al final, se transformaban inevitablemente en finales infelices. Prevalecían más las historias tristes y llenas de pesadumbre y dolor, historias marcadas por tragedias y desilusiones y dramas, avocadas a situaciones que llevaban al sentimiento de fracaso, que no mostraban ni siquiera un final esperanzador. La solución para tornar de infeliz a feliz, no terminaba de aparecer, la pieza en el puzzle que encajar y que llevara al cambio, se perdía y justo al final, y no aparecía y el puzzle no podía ser completado.

Aún así, la pluma luchaba contra eso día a día, se rebelaba por mostrarles a sus finales, una sonrisa, una pincelada de color y optimismo, aunque ya de antemano, intuía que no podría ser. Sin otro remedio, todas las señales le inducían y mostraban tinta negra.

Los finales infelices nacían fruto de unas circunstancias irreversibles que nadie, ni nada podrían permutar, por mucho que su pluma pusiera empeño en ello, lo siguiente sería esperar que se obrara un milagro, o simplemente soñarlo y que el sueño fuera el salvoconducto para escribirlo.