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martes, abril 5

Gotas saladas

Tormentas que parecían no ser pasajeras teñían su cielo inmenso con toda la amplia escala de grises, vehemente tempestad descargaba y láminas de infinitas gotas saladas eran vertidas en cascada.
Infinitas gotas que necesitaban, tal vez, una escapatoria, una fuga por algún recodo oculto para ser liberadas por fin y ser conducidas hacia su inmenso azul. Desembocar, por fin, en su infinito océano y ser devueltas a donde pertenecían.  Su amigo azul las esperaría con los brazos abiertos para darles descanso, dulcificarlas y fundirlas en un remanso para hallar la merecida calma. Ya sólo hasta que no llegaran allí, no encontrarían un descanso certero, era su único destino final.
Un funesto día gris, esas gotas tuvieron que partir en exilio irremediablemente para convertirse en aguacero invernal. Nacieron con dolor, mezcladas de intensas sacudidas de emociones y arraigados sentimientos que debían huir hacia algún sitio. Dichas gotas salinas debían ser desterradas para siempre, de otro modo terminarían por ahogar el arco iris que a duras penas intentaba cada día nacer.
Puede que contara también con su amigo el viento de poniente, que despejara la tempestad soplando tiempo. Tiempo salado para curar.

lunes, octubre 18

La pluma que soñó escribir un final feliz

Siempre le inducía su pluma a escribir finales felices, esa era su primera concepción visual, pero al final, se transformaban inevitablemente en finales infelices. Prevalecían más las historias tristes y llenas de pesadumbre y dolor, historias marcadas por tragedias y desilusiones y dramas, avocadas a situaciones que llevaban al sentimiento de fracaso, que no mostraban ni siquiera un final esperanzador. La solución para tornar de infeliz a feliz, no terminaba de aparecer, la pieza en el puzzle que encajar y que llevara al cambio, se perdía y justo al final, y no aparecía y el puzzle no podía ser completado.

Aún así, la pluma luchaba contra eso día a día, se rebelaba por mostrarles a sus finales, una sonrisa, una pincelada de color y optimismo, aunque ya de antemano, intuía que no podría ser. Sin otro remedio, todas las señales le inducían y mostraban tinta negra.

Los finales infelices nacían fruto de unas circunstancias irreversibles que nadie, ni nada podrían permutar, por mucho que su pluma pusiera empeño en ello, lo siguiente sería esperar que se obrara un milagro, o simplemente soñarlo y que el sueño fuera el salvoconducto para escribirlo.

jueves, septiembre 30

Golpes>heridas>daños

Intentamos hacer las cosas lo mejor que sabemos o podemos. Damos todo porque las cosas salgan bien, apostamos al órdago mayor si hace falta, nos empeñamos una y otra vez, pero la vida está llena de giros y obstáculos inesperados, rayos y truenos que nos asaltan y nos hacen naufragar. Justo cuando parece que tu barco llega a tierra y parece que se aproxima a buen puerto o cuando crees que tienes el timón bajo control y con buen rumbo...aparece una gran ola  y te tira y caes sin flotador. Si tienes suerte, sólo te haces un pequeño golpe que podremos curar con una simple tirita, pero otras heridas son más profundas de lo que parecen en un principio y se necesita más que una tirita, con algunas heridas te tienes que quitar la tirita, quizás mejor dejarlas respirar y darles tiempo para cicatrizar y curar.

Un golpe aquí y otro allá, e incluso hasta nos hacemos daño a nosotros mismos y nos autolesionamos, o se lo hacemos a los demás., queriendo o sin querer y sin darnos cuenta.Y lo peor es, ¿¿cómo descubrir la manera de controlar el daño que hemos hecho, o el que nos han hecho??, ¿¿cómo podemos arreglarlo?? 
A veces incluso, el daño nos pilla tan de imprevisto que es algo que ni siquiera podemos ver y no somos capaces de poner la tirita, porque no sabemos dónde.

Todos estamos dañados. Algunos más que otros. Cargamos con el dolor desde la infancia y luego, como adultos, seguimos a cuestas con él e incrementándolo, es parte de los riesgos vitales que asumimos desde que nacemos. Pero, la misión más importante es seguir intentando buscar una cura, poner una tirita, un remedio y dar lo mejor de nosotros mismo para minimizar los riesgos a dañar.