Mi lista de blogs

Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas

martes, mayo 10

Sala de espera


La sala de espera en donde aguardaba parecía ser a simple vista algo fría, de colores atemporales y eclécticos, casi neutros, de luz tenue y natural, casi le proporcionaba algo de calidez fictica. Podría ser cualquier sala de espera de algún lugar perdido en el mundo: la de una consulta del médico, la de una peluquería o salón de estética, la de una agencia de viajes, la de un aeropuerto, la de una vieja estación de trenes...
Disponía de unas sillas, algo cómodas, aunque no eran para permanecer mucho tiempo sentada en ellas, en su centro una mesa y revistas para entretener sus revueltos e inquietos pensamientos, un reloj que medía tiempo y más tiempo sin cesar, alguna planta como ser vivo que le da asignaba algo de compañía vital y un suave hilo musical que desprendía continuas notas dulces y relajantes.
Nada de aquella sala le hacía sentir incómoda a primera vista, o quizá sí. Si algo pudiera cambiar, sería sin dudar, su olor. Era un olor que le administraba viejos recuerdos de antaño, que le devolvía a tiempos pasados felices, añoradas vivencias y olvidadas emociones que ya sólo apreciaba por mero acto de evocación, mientras aspirase aún ese olor parecía que volvía a rememorar y volver a tener señales sensitivas ya arrinconadas... y que ya nunca  más volverían a cobrar una vida real.
Algo le hacía presagiar que permanecería allí sentada, en aquella poco acogedora y desvirtuada sala, largo tiempo, así que se acomodaría mejor. Sin embargo, tras largo tiempo de espera y por más movimientos que hiciera para encajar, aquel asiento resultaba ser ya algo incómodo y pesado...


miércoles, julio 14

La espera








El teléfono no sonó aquella tarde, como cada tarde sonaba. 
El dulce olor estival se colaba entre las cortinas mecidas al compás de la música de fondo, su canción sonaba otra vez, como cada tarde sonaba.
La dulce espera estaba llegando a su fin, el tick tack corría veloz sin esperar y su tiempo no era infinito, se agotaba, ya no había más segundos para seguir atrapada en la nada, no más horas esperando nada. Recurrimos y caemos de nuevo en el eterno error de esperar, ¿esperar qué?, esperar nada. 
Estupidez infinita que el tick tack del tiempo, no se termina de llevar para siempre jamás.

domingo, julio 4

Rumbo a las montañas viólaceas

Un cúmulo de diferentes emociones recorrían sus arterias en esos días de previos, la impaciencia era su tónica de todos los días, dulce y larga espera. Las montañas violáceas le llamaban cada vez más, con total insistencia, ahora estaba segura de poder lanzarse al viento, sin  más dilaciones. Eolo le conduciría hacia un lugar de pleno gozo y plenitud.
La noche en el aeropuerto le transportó a una enorme sala de espera, se sentó en su silla, como la que espera su turno para la visita del médico, o la espera antes de un discurso importante, o para comprar en una pastelería y no sabe que va a pedir ante las vitrinas con tantos dulces y tartas exquisitas. Esa larga noche antes de tomar su vuelo, permaneció despierta, expectante, procesando cada pensamiento que atravesaba su mente, quería dormir y no podía, los sueños no venían, quizás porque se iban a hacer realidad en breve y por eso no terminaban de llegar, dejarían de ser sueños por fin.