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domingo, marzo 11

Año nuevo a la vista!!!!

Siempre sus ensoñaciones más lúcidas o menos lúcidas tenían el o la mar como telón de fondo y su banda sonora. Quizás, era señal de que nunca nunca se separaría de él; quizás, él siempre le acompañaría allá a donde sus pasos le dirigieran; quizás, es que le necesitaba demasiado para seguir poniendo barquitos viajeros y exploradores sobre experimentales líneas de flotación y que navegaran tanto en  mares calmados, como en los agitados, sin naufragar; barcos, que pudieran surcar allá  entre océanos posibles e imposibles,  y que siempre pudieran tocar tierra, una tierra firme y duradera, de la de verdad y la auténtica, una tierra previa y adecuadamente abonada y mecida a sus propios vaivenes.
Solicitaba al nuevo año mantener la misma línea del horizonte que ya poseía, seguir caminando a través de ella, sin que nada ni nadie le dirigiera, soplando sus propios vientos y enarbolando una bandera de ser ella misma siempre, en cada momento...  y con todas las consecuencias.

Un año nuevo a la vista que esperaba ser navegable en toda su travesía, sobre todo que llevara bien izadas las velas de la coherencia y la transparencia, de la autenticidad y la complicidad, como en aquellos mares coralinos del Sur que se quedaron para siempre suspendidos y retenidos en su apátrida memoria, y que tanto amaría ya para siempre, tanto era así que rememorar esos cálidos mares, constituían ya su mejor bálsamo y refugio, cuando las tormentas osaban acercarse y descargar fuerte.
Tenía ya su listado de objetivos pendientes de resolver, propósitos nuevos añadidos con todo lujo de matices y colores, cumplimientos y metas que cruzar para consigo, pues así se lo debía a ella misma.  Había mucho trabajo aún por hacer en todo este su nuevo periplo.
Marcar rumbo hacia aquello que le aportara un plus, y huir de los "sin más", de los “pa nás” que le producían tanto vacío, y de los de la inercia que no soportaba ya y tanto le ataba a cabos que no le reportaban nada, seguiría surcando los mares que le llenaran de vida nueva de la que aprendiera cada día y de energías sabias de las que nutrir su aire.

Aquel día, justo delante de los mares cálidos del Sur, él le dijo, así en mirada clavada e infinita, de las de verdad: - ¿Eres consciente de cuántos dones tienes???, porque tienes muchos... y de los buenos... - y ella se limitó a esbozar una sonrisa de plenitud.

Nunca olvidaría aquel inciso...nunca, y ese sería su cofre del tesoro conquistado en aquellas islas coralinas que siempre, siempre le acompañarían en su camino hacia la nueva tierra avistada.



martes, abril 5

Gotas saladas

Tormentas que parecían no ser pasajeras teñían su cielo inmenso con toda la amplia escala de grises, vehemente tempestad descargaba y láminas de infinitas gotas saladas eran vertidas en cascada.
Infinitas gotas que necesitaban, tal vez, una escapatoria, una fuga por algún recodo oculto para ser liberadas por fin y ser conducidas hacia su inmenso azul. Desembocar, por fin, en su infinito océano y ser devueltas a donde pertenecían.  Su amigo azul las esperaría con los brazos abiertos para darles descanso, dulcificarlas y fundirlas en un remanso para hallar la merecida calma. Ya sólo hasta que no llegaran allí, no encontrarían un descanso certero, era su único destino final.
Un funesto día gris, esas gotas tuvieron que partir en exilio irremediablemente para convertirse en aguacero invernal. Nacieron con dolor, mezcladas de intensas sacudidas de emociones y arraigados sentimientos que debían huir hacia algún sitio. Dichas gotas salinas debían ser desterradas para siempre, de otro modo terminarían por ahogar el arco iris que a duras penas intentaba cada día nacer.
Puede que contara también con su amigo el viento de poniente, que despejara la tempestad soplando tiempo. Tiempo salado para curar.

domingo, julio 26

Azul intenso

La calurosa mañana de verano le invitaba a relajarse, a caminar hacia su mar, saludarle y abrazarle, estaba deseando mirarle, y quedarse absorta, hipnotizada sólo mirándole, sabiendo que era su única medicina, la que le curaba su alma quebrada, la que le proporcionaba armonía entre tanto caos...se sentó en la arena, sintiendo su calor, y allí permaneció mirando felizmente su añorado mar, sus imaginados azules, sintiendo su fresca brisa de poniente perfumada de sal, magnetizada por el movimiento dulce y delicado de las olas, que se mecían al son del viento...
El mar se derramaba delante de ella, una vez y otra vez para ofrecerle la paz y tranquilidad tan ansiada, cada romper de las olas le proporcionaba su inspiración y expiración, una y otra vez...respiraba olas, no aire. Delante de su mar se sentía en plenitud, consciente del regalo que en en ese momento se le ofrecía.