Siempre sus ensoñaciones más lúcidas o menos lúcidas tenían el o la mar como telón de fondo y su banda sonora. Quizás, era señal de que nunca nunca se separaría de él; quizás, él siempre le acompañaría allá a donde sus pasos le dirigieran; quizás, es que le necesitaba demasiado para seguir poniendo barquitos viajeros y exploradores sobre experimentales líneas de flotación y que navegaran tanto en mares calmados, como en los agitados, sin naufragar; barcos, que pudieran surcar allá entre océanos posibles e imposibles, y que siempre pudieran tocar tierra, una tierra firme y duradera, de la de verdad y la auténtica, una tierra previa y adecuadamente abonada y mecida a sus propios vaivenes.
Solicitaba al nuevo año mantener la misma línea del horizonte que ya poseía, seguir caminando a través de ella, sin que nada ni nadie le dirigiera, soplando sus propios vientos y enarbolando una bandera de ser ella misma siempre, en cada momento... y con todas las consecuencias.
Solicitaba al nuevo año mantener la misma línea del horizonte que ya poseía, seguir caminando a través de ella, sin que nada ni nadie le dirigiera, soplando sus propios vientos y enarbolando una bandera de ser ella misma siempre, en cada momento... y con todas las consecuencias.Un año nuevo a la vista que esperaba ser navegable en toda su travesía, sobre todo que llevara bien izadas las velas de la coherencia y la transparencia, de la autenticidad y la complicidad, como en aquellos mares coralinos del Sur que se quedaron para siempre suspendidos y retenidos en su apátrida memoria, y que tanto amaría ya para siempre, tanto era así que rememorar esos cálidos mares, constituían ya su mejor bálsamo y refugio, cuando las tormentas osaban acercarse y descargar fuerte.
Tenía ya su listado de objetivos pendientes de resolver, propósitos nuevos añadidos con todo lujo de matices y colores, cumplimientos y metas que cruzar para consigo, pues así se lo debía a ella misma. Había mucho trabajo aún por hacer en todo este su nuevo periplo.
Marcar rumbo hacia aquello que le aportara un plus, y huir de los "sin más", de los “pa nás” que le producían tanto vacío, y de los de la inercia que no soportaba ya y tanto le ataba a cabos que no le reportaban nada, seguiría surcando los mares que le llenaran de vida nueva de la que aprendiera cada día y de energías sabias de las que nutrir su aire.
Aquel día, justo delante de los mares cálidos del Sur, él le dijo, así en mirada clavada e infinita, de las de verdad: - ¿Eres consciente de cuántos dones tienes???, porque tienes muchos... y de los buenos... - y ella se limitó a esbozar una sonrisa de plenitud.
Nunca olvidaría aquel inciso...nunca, y ese sería su cofre del tesoro conquistado en aquellas islas coralinas que siempre, siempre le acompañarían en su camino hacia la nueva tierra avistada.

